New Raemon y Da, el equilibrio de los contrarios

Cuando sobre un mismo escenario coinciden dos propuestas diferentes y las dos obtienen el indiscutible favor del público, una inexplicable sensación química recorre el sistema neurológico del fan interesado o del organizador con tendencia al soponcio. Es algo parecido a lo que, dicen, se produce durante un segundo cuando se cierra una transacción rentable; y también debe ser semejante al placer que, cuentan los no daltónicos, proporciona la visión del rayo verde al ponerse el sol.

Porque qué diferentes fueron los conciertos de Da y de The New Raemon… Siguiendo una pauta que se ha generalizado en el ciclo Mirador POP, el público reaccionó dividiéndose y tomando partido. Sucedió con Remate y Paco Loco Trio; también con Tachenko y Southern Arts Society. El auditorio, mayoritariamente no iniciado, ha tendido a identificarse más con alguna de las dos bandas de la noche, y a veces parecía buscar una ventanilla donde solicitar el carné de fan de ese grupo que tanto le había impactado; y esa tendencia nunca fue tan acusada como el pasado viernes 10 de julio.

Sin ánimo de elevar ningún nombre sobre otro, sí es justo destacar el esfuerzo de un Dani Garuz que empezó su concierto acompañado de, literalmente, cinco personas. Lástima, porque los que llegaran tarde se perderían un clásico de La Costa Brava recuperado por Dani para la ocasión, “La música, las drogas, el láser, las minifaldas”, un corte del “Déjese querer por una loca” que nunca fue fácil ver interpretar a la añorada banda. Inmediatamente además, el zaragozano acometió “Tengo ganas”, el tipo de tema que, oído accidentalmente, te lleva a preguntar urgentemente a alguien quién es el grupo que lo canta.

Hecho esto, parecía que el pequeño zaragozano había agotado todos sus cartuchos. Nada más lejos de la realidad. Ataviado con una indumentaria que parecía burlarse del proyecto Las Vegas-Monegros (camisa country negra con estampados dorados, pantalones pitillo de vestir del mismo color y botines puntiagudos también negros) pasó a combinar la
incontestable elegancia pop de canciones como “Velocidad absurda” con temas como “El futuro más acá” o “El entrenador”, donde esa lírica que define la sociedad actual desde cierto hastío, pero nunca desde la denuncia, se fue combinando con el crecimiento en progresión geométrica de la figura de Dani sobre el escenario a medida que llegaba la segunda mitad, más electrónica, del concierto. Saltos, cabriolas, bailes de robot y hasta un mortal -a punto estuvo de serlo-, ejemplifican la total entrega de una banda que conquistó a un público que había empezado el concierto en la barra y acabó cautivado por la presencia escénica de este inopinado animal de escenario y, por supuesto, de canciones como “Todo bien esta noche” y, sobre todo, “Warro”, uno de esos temas (qué suerte, ¿no) que te lleva a preguntarte cómo no puede haber sido escrito antes por nadie. Todo esto lo hizo Dani a pesar de la ausencia a última hora de Paco Loco. ¿Qué hubiera sido con la presencia del asturiano en el Holiday?

A esas alturas alguien podría haber albergado alguna duda de si, ante tal derroche, la actuación de The New Raemon no resultaría demasiado tranquila, pero la música buena no es ni tranquila, ni cañera ni ningún otro calificativo superficial fruto de análisis poco documentados; simplemente es, y con una banda como ésta no cabía esperar otro resultado que el que ofreció desde el primer instante del concierto, iniciado con “El saben aquel que diu”.

Me explico, si Da se dedicaron a vaciarse para que el público girase el cuello hacia el escenario, Ramón sólo tuvo que darle al botón del play para que una banda perfectamente engrasada como la suya, poseedora quizá del directo-revelación de este año, diese rienda suelta a un preciosista ejercicio de perfección. Seguro de sí mismo, el catalán hasta se atreve a dejar para el final las canciones más celebradas de su primer largo, como “La cafetera” o “Tú, Garfunkel”.

Antes, The New Raemon ofrecerían un completo recorrido por todos esos títulos de pop… costumbrista, sí, pero… Miren, se ha hablado muchas veces de ello, pero si ese calificativo viene referido a las letras, conviene incidir en una cierta elevación de éstas por encima de la mera cotidianidad para buscar un punto de abstracción que las dota de una universalidad que, desde luego, permite disfrutar de estas canciones a cualquiera que se acerque a ellas, ya sea de Cabrils, Llodio o Algete.

La fuerte personalidad de Ramón al micro conlleva, sin embargo, que uno no siempre mantenga la atención en el contenido lírico de las diferentes composiciones. Fue éste uno de los aspectos más comentados de la noche, la perfecta armonía entre los músicos -pese a otra ausencia, esta vez la de Ricky Falkner- y su líder, un engranaje que permitió disfrutar de todos los matices que encierra, tanto “A propósito de Garfunkel” como “La invasión de los ultracuerpos” y que se traducen en títulos como “Sucedáneos” o, especialmente, “El cau del pescador”, esa hermosa oda a los Estudios Ultramarinos y su entorno que tantos buenos momentos ha proporcionado al círculo de BCore.

Antes de acometer “Tú, Garfunkel”, Ramón estrenó “La siesta”, que formará parte de su próximo álbum. Como el trapecista que, cuando ya te ha convencido, te proporciona una última demostración de todo lo que es capaz de hacer, Ramón se atrevió con sendas versiones de Wilco (“A shot in the arm”) y Neil Young (“The needle and the damage one”); no se sabe dónde, pero el público encontró hueco para guardar las últimas grandes sensaciones.

Una sonrisa tonta presidía el rostro de muchos en las horas y días siguientes: algo parecido a cuando acaba una final de Grand Slam entre Federer y Nadal, uno de esos partidos donde te da igual quién gane y simplemente te dedicas a ver tenis. The New Raemon serían Federer, explotando sin esfuerzo unas virtudes innatas y llevando al público al pasmo de la perfección; Da tendrían el lugar de Nadal, del que se vacía no dejando escapar un solo punto sin intentar jugarlo. Dicho de otro modo más técnico, fue un bonito duelo entre las dos viejas ideas estéticas de lo apolíneo y lo dionisiaco; contando con que, a priori, uno nunca habría asociado al menudo músico aragonés con lo báquico, y más bien éste rol se lo habría atribuido al barbudo Ramón Rodríguez, pero esa es la belleza del deporte… perdón, de la música.

Crónica de Isaac Lobatón
Fotografías de Paulino Escribano y Dani Elito
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