Cuando Duchamp se disfrazó de tigre, incluso


Fue hace unos cuantos años. Yo recién me había instalado en Madrid y devoraba toda información relacionada con Alaska y sus secuaces por dos razones, porque todavía era fan y por motivos de estudio. En esa época era asiduo del diario de Nacho Canut. Todavía, creo, no se les llamaba blogs y los pocos que había eran, eso, diarios-diarios. Como los que escribíamos de adolescentes en cuadernos que luego escondíamos entre el somier y el colchón.

Nacho Canut operaba de la siguiente manera: Llamaba por teléfono a Genís Segarra y le dejaba grabado en el contestador automático el contenido del diario. Luego, aquél lo transcribía, ya que tenía alojado el blog en la web de Austrohúngaro, el pequeño sello discográfico con el que ya habían editado, entre otros, los dos primeros trabajos de Astrud.

Lógicamente, empecé a leer el blog de Genís, mucho menos constante que Nacho -que de otra cosa no sé, pero de verborrea andaba y anda sobrado- y así pude enterarme de los proyectos que emprendía este singular colectivo: El Festival Sonajero, como respuesta alternativa y simultánea al Sonar, los conciertos callejeros y sorpresa que luego han inspirado a otros (Francisco Nixon, Remate) para los conciertos a domicilio, la reedición del mítico “Indicios” de Carlos Berlanga, el clochardismo… En Austrohungaro estaban a otra cosa. En resumen, una actitud artística global que trascendía el mero hecho de componer canciones y grabarlas.

Además, se tomaban muy en serio no tomarse en serio. Era la profesionalidad de la precariedad. En muchos sentidos, los relacionaba con los aspectos más auténticos de la Movida Madrileña y, desde luego, con el Situacionismo -con el que tanto se le llenó la boca a Malcolm McLaren- corriente estético-artística con fuerte componente ideológico que, a grandes rasgos, perseguía hacer de la existencia toda una obra de arte.

Precariedad, sustento ideológico y bullicio creativo incontenible colocaban a Austrohungaro en la última rama de los descendientes directos de las Vanguardias Históricas. Si algunos creadores se mueven entre el Ruido y la Furia, Genís y su pandilla habían elegido la combinación de Lujo y Miseria.

Él no lo había dicho, pero todo quedó meridianamente claro la primera vez que vi a Hidrogenesse en la Sala Sol: Genís Segarra jugaba a ser Marcel Duchamp. Y aparecía en el escenario como una moderna Rose Sélavy

(Continuará…)

Isaac Lobatón
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