Cuando Duchamp se disfrazó de tigre, incluso (II)

bajo unos ropajes imposibles, con un vestido entre Cecilia, Massiel y mari de barrio, el pelo largo cayéndole por la cara y unos taconazos sobre los que tampoco se lució demasiado porque permaneció todo el rato sentado, dejando el peso escénico a Carlos Ballesteros.

Recuerdo aquel concierto algo plano, con su canción más esperada -“Hidrogenesse asociados”- dividida en dos partes, al comienzo y al final de la actuación, y con un Carlos cuya categoría como frontman no había llegado a las cotas que podemos disfrutar en la actualidad.

La verdad es que, aunque a veces me daban algo de pereza, las intenciones me parecían tan loables como puras. Tanto a Astrud como a Hidrogenesse les ocurría algo parecido, que hacían discos algo irregulares pero había que estar muy atento para no perderse nada, pues siempre encontraríamos algo que nos sorprendería. Lo de los primeros era algo más estrictamente musical, más ceñido a casar una letra con una melodía, mientras que la problemática de Hidrogenesse trascendía un poco aquello para escarbar más en lo ideológico y en el mensaje.

Creía -y creo- que ambos grupos habían apostado, no sé si queriendo o no, por el ready-made pop, por la mutación del contexto de un objeto para dotarlo de un nuevo sentido divertido y desconcertante. Y eso son palabras mayores. Es Arte. Del que se vende en las galerías regentadas por novias de ex ministros. Cuando empezabas a cansarte de ellos, aparecía algo nuevo que te hacía girar la cabeza y corroborar de nuevo que, entre el delirio y un cierto exceso no siempre medido, estaba garantizado el hallazgo de, al menos, una perla.

Hidrogenesse habían sacado notable jugo al leit-motiv del ready-made pop con “Estafa” primero y con “Eres PC, eres MAC“, después. Hace cinco años se volvió a dar el fenómeno con “Hay un hombre en España”, el primer pasodoble del pop nacional desde los tiempos de Gabinete Caligari, aunque con un sentido muy diferente e interpretable de mil maneras posibles; en ese mismo EP, Astrud nos obligaron a escuchar su propia mierda de artistas y a reconocernos en ella.

Mientras, el primer disco largo de Hidrogenesse jugaba con una base pariente del “Blue Monday” para ofrecernos en seis lúcidos minutos el origen, ascenso y hastío, que no caída, de dos amigos que forman un grupo de pop en “Hidrogenesse Asociados”, un tema recontextualizado a su vez en “Hidrogenesse enamorados”. Aquel “Gimnàstica Passiva” contenía otra perla como “No hay nada más triste que lo tuyo”, una balada de corte melódico-latino que, esta vez, acordemente a lo que sugiere la melodía (¿qué puede haber más bestia y descarnado que las historias de las canciones de, pongamos, Pimpinela?), nos abofetea con una (casi) sórdida lección de hiperrealismo. Es canción-protesta para el de al lado, para mí, para usted, para todos. El mensaje es claro; no hay ni ironía ni surrealismo y no hay que detenerse a analizarlo más.

En 2007, Astrud presentaban “Tú no existes”, dentro del cual volvían a dar otra campanada con “El vertedero de Sâo Paulo”, un canto al vértigo de la acumulación, al terror de la invasión de la basura material, al… ¿desorden capitalista? “No es una metáfora“, se defendían en el estribillo. No, claro, hombre… como quieras…

Se suele volver la cara a la siguiente realidad, pero no hay nada más pop que el capitalismo. O no hay nada más capitalista que el pop. Y no hay nada más pop (ni más capitalista) que contar, acumular, enumerar, citar, soltar conceptos infatigablemente, como en el mencionado tema o como, varios años atrás, habían hecho Hidrogenesse en “Así se baila el siglo XX“, canción para conmemorar un siglo.

Ese mismo 2007, editaban “Animalitos”, y con él llegó “Disfraz de tigre“, la cima creativa del dúo catalán, casi cuatro minutos donde consiguen reunir todos los conceptos con los que vienen jugando desde sus orígenes: tecnología, pop, melodía y recuperación de las Vanguardias Históricas con una letra que vuelve a beber de Dadaísmo y, esta vez sí, de Surrealismo y Decadentismo. Al fin y al cabo, puede que nunca hubiera llegado a haber un Duchamp si Huysmans no hubiera decidido, en un momento dado, empezar a vivir “al revés“.

Además, en “Animalitos” podíamos encontrar “Los perezosos”, otra muestra de canción protesta contra el poder más irritante, el que vive adormilado en el ciudadano alienado y autocomplaciente, además de otro alegato contra el matrimonio, “Vamos a casarnos”, semejante en intenciones al que años antes habían llevado a cabo Astrud en “La Boda”.

Antes que enlazar a trescientos vídeos de YouTube, prefiero facilitarles esta dirección; en ella podrán disfrutar de una lista creada en Spotify con la mayor parte de las canciones nombradas en este post, además de “El vestir D’en Pascual”, una tonada tradicional catalana popularizada por, atención, La Trinca, que Hidrogenesse suele incluir en sus directos. No se incluyen ni “Eres PC, eres MAC” ni “Estafa” porque no aparecen en la mencionada Discoteca de Babel.

Y, nada, ¡a prepararse para el concierto!

Isaac Lobatón
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Un pensamiento en “Cuando Duchamp se disfrazó de tigre, incluso (II)

  1. Enhorabuena por el post, me ha encantado, creo que has dado en el clavo con lo de Duchamp, bueno, con eso y con todo lo demás…Saludos,Trini

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